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Camino del Corazón

Sobre Camino del Corazón

Muy probablemente ya sepas que la humanidad (nosotros) estamos dando un salto evolutivo muy grande. La energía del amor nos invita a abrir el corazón para avanzar en nuestra evolución.

¿De qué se trata este momento?

Este es un momento de gran celebración y también de acción. Estamos preparados para reconocer nuestra divinidad y con ella iluminar toda nuestra experiencia hecha hasta ahora.
A partir de ahora, todos sin excepción debemos des-cubrir y recordar que antes que humanos somos divinos, es decir somos Dios, La Fuente, (el nombre es indiferente), haciendo una experiencia humana.

Despertar esta consciencia es fundamental porque será tu herramienta principal para poder iluminarte como Ser. En este sentido, iluminar significa volverte consciente de quién Eres.

Es un paso obligado y necesario para evolucionar. Nadie queda afuera de esta tarea.
Esto requiere:

  • Dedicación: un tiempo y espacio que debes crear, sin lo tenías, para llevar a cabo determinadas tareas concretas de reconocimiento y aprendizaje. Para ello es indispensable la práctica del silencio (atención y concentración sostenida lo más amorosa de la que seas capaz cada día).

  • Tareas:

    • Una revisión de quién eres, de tu idea de Dios, de tus experiencias de aprendizaje y del sentido de tu vida.

    • Una revisión sobre el amor.

    • Una revisión de tus relaciones actuales, en todos los ámbitos de tu experiencia humana, fundamentalmente con tus padres, con personas que ves cada día, pero también con toda la humanidad.

    • Conocer y ampliar lo más que puedas tu consciencia del amor, que es lo que caracteriza esta nueva era y será tu maestro interior.

  • Todo lo que necesitas para dar este paso es conectar contigo misma-o, de allí partirá todo lo demás. Sin embargo es muy importante pedir y dar ayuda, puesto que la colaboración entre todos es fundamental para el éxito de estas tareas personales e íntimas.

Este sitio web tiene por fin entregar herramientas que faciliten dichas tareas.
Te abraza,
Gustavo Samorano